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Vacaciones y bisturí

 

Que la globalización nos cambió mucho es evidente, y ningún sentido tendría esta nota si sólo se tratara de reflejar eso: el cambio.
Pero todo comienza a cobrar forma cuando se analiza qué involucran y hasta dónde llegan los cambios de este mundo en el que tantas cosas y costumbres se comparten y cruzan las fronteras. ¿Cuántas personas hubieran pensado en someterse a una cirugía de alta complejidad en otro país que no fuera el suyo, hace apenas una década? ¿Con qué seguridad iría alguien a aceptar el bisturí de un cirujano plástico que vive a cientos de miles de kilómetros, al que tal vez no se volverá a ver jamás y con el que no necesariamente se habla el mismo idioma? Alrededor de 3 millones de personas, que se trasladan especialmente desde los Estados Unidos y Europa hacia Asia y América Latina para ver a médicos, cirujanos, odontólogos y oftalmólogos, creen que cuidar la salud a kilómetros del hogar es posible.
Antes o después del consultorio o el quirófano, hacen turismo, pasean y conocen países y culturas, a veces, muy diferentes a la propia. La Argentina se afirma dentro de la lista de países que reciben a esos turistas que combinan bisturíes con tango, cataratas, glaciares y montañas.
Cómo y por qué. La vuelta al mundo y la consulta con los especialistas se enmarca dentro de uno de los booms del momento: el turismo médico, o turismo medicinal, o turismo de la salud, es la posibilidad de atravesar quizás medio planeta para operarse del corazón a costos que pueden llegar a ser hasta un 90% inferiores a los que se cobran en países como los Estados Unidos o Gran Bretaña. O someterse a una fertilización asistida en lugares en los que la legislación es menos restrictiva, y con un ahorro importante.
Todo se prepara con antelación, a través de lo que técnicamente se denominan “facilitadores”, algo así como agentes de turismo que arman el paquete, aconsejan cuáles son los posibles hospitales a los que ir según la intervención médica que se precise, los costos y el tipo de paisajes que quiera visitar el turista-paciente. Un adelanto (muchas veces pagado a través de internet) permite reservar cupo para luego viajar y hacerse la cirugía o el tratamiento programado en el país elegido.
Aunque no hay un ranking oficial de países líderes en turismo médico, India, Tailandia, Malasia, Singapur y Corea figuran en los primeros puestos, seguidos por naciones latinoamericanas: Costa Rica, Colombia, México, Argentina y Brasil, que se van afianzando en su competencia con Asia. ¿Cómo es que países emergentes ahora se han vuelto tan poderosos como para ofrecerles a los países más industrializados servicios de salud con tecnología de punta? En nombre de los costos más bajos, de las geografías exóticas y de la cada vez mayor dificultad que tienen las personas en algunas naciones desarrolladas para acceder a una salud a costos abordables.
En los Estados Unidos, la mitad de las bancarrotas anuales se deben, al menos en buena proporción, a una enfermedad o a costos médicos, y un 39% de la población con trabajo carece de seguro médico. Para el año 2015, en ese país se gastará el 20% del Producto Bruto Interno (PBI) en servicios médicos, mientras que al mismo tiempo un cuarto de sus habitantes vivirá sin seguro de salud. En los casos de Gran Bretaña, Canadá, Australia y Escandinavia, los tiempos de espera para someterse a tratamientos y cirugías complejas son tan largos y los precios de las clínicas privadas tan exorbitantes, que muchas veces las mismas autoridades sanitarias aconsejan el tratamiento médico con pasaje turístico incluido.
El resultado es que unos 176.000 ciudadanos británicos viajaron en el 2010 para hacerse algún procedimiento fuera de su país, y que más de 250.000 estadounidenses hacen lo mismo año a año. En el Reino Unido el tiempo promedio de espera para una cirugía cardíaca es de 14,4 semanas y de 25,8 para una cirugía ortopédica. Por el contrario, más de medio millón de personas viajaron a la India para recibir atención médica en el 2010, y las cirugías se hacen al día siguiente de la llegada del paciente al país.
El costo de una cirugía en Tailandia, India o la Argentina puede ser la décima parte del costo que tiene que pagar alguien en los Estados Unidos o Europa. La Argentina, de hecho, es uno de los destinos fetiche en cuanto a turismo médico para hacerse cirugías estéticas (Ver Estética).
Mapa local. Los extranjeros que llegan al país en calidad de turistas por razones médicas son en un 80% estadounidenses y europeos de entre 45 y 65 años, que gastan un promedio de 10.000 dólares por persona. En el país hay actualmente una iniciativa gubernamental impulsada por el Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur) con la colaboración de la Fundación Exportar, que cuenta entre sus miembros con el Hospital Alemán, el Hospital Austral, el Hospital Italiano, el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, Fleni y la Fundación Favaloro, además de clínicas especializadas como la Clínica de Ojos Dr. Nano, la Clínica Robles, Dental House y Procrearte.
“El turismo con fines médicos ofrece una fuente genuina de ingresos, debido a que el nivel de gasto que deja en el país es mucho más alto que el del turismo clásico”, describe Guillermo González Prieto, subsecretario de salud comunitaria del Ministerio de Salud. Pero las ventajas, para González Prieto, no se limitan a lo económico. “Además nos da el orgullo de resolver problemas de salud que por una cuestión de costos los países industrializados no pueden resolver, en situaciones tan complejas como una cirugía cardíaca o la colocación de una banda gástrica. El otro punto que nos favorece es que los extranjeros son muy exigentes respecto de la calidad, lo que obliga a los hospitales y clínicas que los reciben a cumplir con normas de calidad internacionales. El solo hecho de entrar al mercado internacional de la salud obliga a elevar la calidad de la salud para los argentinos”, asegura el médico.
Dilema ético. Las sombras que pueden teñir este prometedor panorama vienen prenunciadas por algunos especialistas en ética, y se relacionan con el punto crucial de todo esto: más allá del buen negocio, lo que se está manipulando es la salud. “Por lo general, los pacientes no tienen idea acerca de la posibilidad real de padecer complicaciones e infecciones y hay pocos datos sobre los países de destino”, advierte Leslie Steven, consultor en Ética y profesor emérito de medicina clínica en la prestigiosa UCLA, de los Estados Unidos. “Existe el peligro de que el mercado global de la salud provista desde un punto de vista comercial y privatizado, amenace el futuro de los sistemas de salud públicos”, advierte el abogado y eticista Leigh Turner. “Algunos gobiernos han sido acusados de sacrificar sus sectores de salud pública en lo que a sus poblaciones rurales e indigentes se refiere, con el objetivo de captar más turistas extranjeros interesados en su sistema de salud ventajoso sostenido a fuerza de destinar fondos públicos”, advierte Steven.
Para poder figurar en un buen lugar dentro del catálogo del turismo médico, los hospitales deben acreditarse en la Comisión Conjunta Internacional (JCL), que certifica que los servicios que brinda la institución médica sean de la mejor calidad. Pero hay países en los que el gobierno no está regulando a las instituciones que prestan este servicio sino que deja a los privados que se autorregulen (como en la India). Las voces de alarma suenan para ambas partes implicadas: en lo que al paciente se refiere, la preocupación se relaciona con cómo asegurar su seguimiento en el exterior y cómo reclamar ante una negligencia médica; desde el punto de vista de los países que reciben a los turistas, la cuestión a cuidar es que el nuevo mercado de pacientes no impacte sobre el costo del servicio de salud para los habitantes del país, y que el turismo de origen médico no le quite camas y acceso a una atención rápida cuando lo precisen.
En la Argentina, aseguran que eso no está pasando ni pasará. “Las que tienen capacidad ociosa para recibir turistas son las instituciones privadas –aclara Guillermo González Prieto–. El día en que operar a un extranjero implique sacarle un turno a un argentino, no será una situación tolerable para nosotros”.
La gran diferencia con el modelo indio es que en ese país hay inversiones extranjeras que se instalan especialmente para abrir hospitales solo para los extranjeros. “El habitante local –advierte González Prieto– no tiene acceso a esa medicina y eso es dramático, el choque cultural es violento: operarse en un hospital de primera clase y salir a la calle a la miseria más extrema”. De acuerdo con el funcionario, en la Argentina eso no pasa, no hay hospitales de alta gama para uso exclusivo de turistas y en medio de poblaciones miserables. La salud pública va por otros carriles y está a prueba de visitantes.
Mientras los fríos cálculos económicos indican que el actual mercado del turismo médico es de 40.000 millones de dólares, y las proyecciones indican que en el año 2012 ese monto será de 100.000 millones, la realidad muestra que habrá que analizar cómo subirse a este tren, no perderlo, sin dejarse ensordecer por los cantos de sirena

Que la globalización nos cambió mucho es evidente, y ningún sentido tendría esta nota si sólo se tratara de reflejar eso: el cambio.


Pero todo comienza a cobrar forma cuando se analiza qué involucran y hasta dónde llegan los cambios de este mundo en el que tantas cosas y costumbres se comparten y cruzan las fronteras. ¿Cuántas personas hubieran pensado en someterse a una cirugía de alta complejidad en otro país que no fuera el suyo, hace apenas una década? ¿Con qué seguridad iría alguien a aceptar el bisturí de un cirujano plástico que vive a cientos de miles de kilómetros, al que tal vez no se volverá a ver jamás y con el que no necesariamente se habla el mismo idioma? Alrededor de 3 millones de personas, que se trasladan especialmente desde los Estados Unidos y Europa hacia Asia y América Latina para ver a médicos, cirujanos, odontólogos y oftalmólogos, creen que cuidar la salud a kilómetros del hogar es posible. 

Antes o después del consultorio o el quirófano, hacen turismo, pasean y conocen países y culturas, a veces, muy diferentes a la propia. La Argentina se afirma dentro de la lista de países que reciben a esos turistas que combinan bisturíes con tango, cataratas, glaciares y montañas.

Cómo y por qué. La vuelta al mundo y la consulta con los especialistas se enmarca dentro de uno de los booms del momento: el turismo médico, o turismo medicinal, o turismo de la salud, es la posibilidad de atravesar quizás medio planeta para operarse del corazón a costos que pueden llegar a ser hasta un 90% inferiores a los que se cobran en países como los Estados Unidos o Gran Bretaña. O someterse a una fertilización asistida en lugares en los que la legislación es menos restrictiva, y con un ahorro importante.

Todo se prepara con antelación, a través de lo que técnicamente se denominan “facilitadores”, algo así como agentes de turismo que arman el paquete, aconsejan cuáles son los posibles hospitales a los que ir según la intervención médica que se precise, los costos y el tipo de paisajes que quiera visitar el turista-paciente. Un adelanto (muchas veces pagado a través de internet) permite reservar cupo para luego viajar y hacerse la cirugía o el tratamiento programado en el país elegido.

Aunque no hay un ranking oficial de países líderes en turismo médico, India, Tailandia, Malasia, Singapur y Corea figuran en los primeros puestos, seguidos por naciones latinoamericanas: Costa Rica, Colombia, México, Argentina y Brasil, que se van afianzando en su competencia con Asia. ¿Cómo es que países emergentes ahora se han vuelto tan poderosos como para ofrecerles a los países más industrializados servicios de salud con tecnología de punta? En nombre de los costos más bajos, de las geografías exóticas y de la cada vez mayor dificultad que tienen las personas en algunas naciones desarrolladas para acceder a una salud a costos abordables.

En los Estados Unidos, la mitad de las bancarrotas anuales se deben, al menos en buena proporción, a una enfermedad o a costos médicos, y un 39% de la población con trabajo carece de seguro médico. Para el año 2015, en ese país se gastará el 20% del Producto Bruto Interno (PBI) en servicios médicos, mientras que al mismo tiempo un cuarto de sus habitantes vivirá sin seguro de salud. En los casos de Gran Bretaña, Canadá, Australia y Escandinavia, los tiempos de espera para someterse a tratamientos y cirugías complejas son tan largos y los precios de las clínicas privadas tan exorbitantes, que muchas veces las mismas autoridades sanitarias aconsejan el tratamiento médico con pasaje turístico incluido.

El resultado es que unos 176.000 ciudadanos británicos viajaron en el 2010 para hacerse algún procedimiento fuera de su país, y que más de 250.000 estadounidenses hacen lo mismo año a año. En el Reino Unido el tiempo promedio de espera para una cirugía cardíaca es de 14,4 semanas y de 25,8 para una cirugía ortopédica. Por el contrario, más de medio millón de personas viajaron a la India para recibir atención médica en el 2010, y las cirugías se hacen al día siguiente de la llegada del paciente al país.

El costo de una cirugía en Tailandia, India o la Argentina puede ser la décima parte del costo que tiene que pagar alguien en los Estados Unidos o Europa. La Argentina, de hecho, es uno de los destinos fetiche en cuanto a turismo médico para hacerse cirugías estéticas (Ver Estética).

Mapa local. Los extranjeros que llegan al país en calidad de turistas por razones médicas son en un 80% estadounidenses y europeos de entre 45 y 65 años, que gastan un promedio de 10.000 dólares por persona. En el país hay actualmente una iniciativa gubernamental impulsada por el Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur) con la colaboración de la Fundación Exportar, que cuenta entre sus miembros con el Hospital Alemán, el Hospital Austral, el Hospital Italiano, el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires, Fleni y la Fundación Favaloro, además de clínicas especializadas como la Clínica de Ojos Dr. Nano, la Clínica Robles, Dental House y Procrearte.

“El turismo con fines médicos ofrece una fuente genuina de ingresos, debido a que el nivel de gasto que deja en el país es mucho más alto que el del turismo clásico”, describe Guillermo González Prieto, subsecretario de salud comunitaria del Ministerio de Salud. Pero las ventajas, para González Prieto, no se limitan a lo económico. “Además nos da el orgullo de resolver problemas de salud que por una cuestión de costos los países industrializados no pueden resolver, en situaciones tan complejas como una cirugía cardíaca o la colocación de una banda gástrica.

El otro punto que nos favorece es que los extranjeros son muy exigentes respecto de la calidad, lo que obliga a los hospitales y clínicas que los reciben a cumplir con normas de calidad internacionales. El solo hecho de entrar al mercado internacional de la salud obliga a elevar la calidad de la salud para los argentinos”, asegura el médico.

Dilema ético. Las sombras que pueden teñir este prometedor panorama vienen prenunciadas por algunos especialistas en ética, y se relacionan con el punto crucial de todo esto: más allá del buen negocio, lo que se está manipulando es la salud. “Por lo general, los pacientes no tienen idea acerca de la posibilidad real de padecer complicaciones e infecciones y hay pocos datos sobre los países de destino”, advierte Leslie Steven, consultor en Ética y profesor emérito de medicina clínica en la prestigiosa UCLA, de los Estados Unidos.

“Existe el peligro de que el mercado global de la salud provista desde un punto de vista comercial y privatizado, amenace el futuro de los sistemas de salud públicos”, advierte el abogado y eticista Leigh Turner. “Algunos gobiernos han sido acusados de sacrificar sus sectores de salud pública en lo que a sus poblaciones rurales e indigentes se refiere, con el objetivo de captar más turistas extranjeros interesados en su sistema de salud ventajoso sostenido a fuerza de destinar fondos públicos”, advierte Steven.

Para poder figurar en un buen lugar dentro del catálogo del turismo médico, los hospitales deben acreditarse en la Comisión Conjunta Internacional (JCL), que certifica que los servicios que brinda la institución médica sean de la mejor calidad. Pero hay países en los que el gobierno no está regulando a las instituciones que prestan este servicio sino que deja a los privados que se autorregulen (como en la India).

Las voces de alarma suenan para ambas partes implicadas: en lo que al paciente se refiere, la preocupación se relaciona con cómo asegurar su seguimiento en el exterior y cómo reclamar ante una negligencia médica; desde el punto de vista de los países que reciben a los turistas, la cuestión a cuidar es que el nuevo mercado de pacientes no impacte sobre el costo del servicio de salud para los habitantes del país, y que el turismo de origen médico no le quite camas y acceso a una atención rápida cuando lo precisen.

En la Argentina, aseguran que eso no está pasando ni pasará. “Las que tienen capacidad ociosa para recibir turistas son las instituciones privadas –aclara Guillermo González Prieto–. El día en que operar a un extranjero implique sacarle un turno a un argentino, no será una situación tolerable para nosotros”.

La gran diferencia con el modelo indio es que en ese país hay inversiones extranjeras que se instalan especialmente para abrir hospitales solo para los extranjeros. “El habitante local –advierte González Prieto– no tiene acceso a esa medicina y eso es dramático, el choque cultural es violento: operarse en un hospital de primera clase y salir a la calle a la miseria más extrema”. De acuerdo con el funcionario, en la Argentina eso no pasa, no hay hospitales de alta gama para uso exclusivo de turistas y en medio de poblaciones miserables. La salud pública va por otros carriles y está a prueba de visitantes.

Mientras los fríos cálculos económicos indican que el actual mercado del turismo médico es de 40.000 millones de dólares, y las proyecciones indican que en el año 2012 ese monto será de 100.000 millones, la realidad muestra que habrá que analizar cómo subirse a este tren, no perderlo, sin dejarse ensordecer por los cantos de sirena

 

Fuente: Revista Noticias

 
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